Crónica. JMJ

18:30

Os voy a contar como lo he vivido yo desde dentro. No os pido que lo compartáis, pero sí que lo respetéis. Gracias de antemano. Y  tampoco os obligo a leerlo, pero si queréis, no tengo ningún problema en abriros mi corazón. Aquí esta:

Y poco a poco llegamos a primeros de Agosto. Y cunde el pánico. La JMJ (Jornada Mundial de la Juventud) se acerca y todas las cosas que decíamos que íbamos a preparar siguen estando sólo en nuestras cabecitas... Así que toca armarse de valor, y un millón de sábanas y pintura acrílica a cascoporro, para hacer las pancartas que saludaran al Santo Padre desde el puente que nos han concedido en la A2 el día de su llegada a Madrid... 
Nervios. Problemas. Manchas. Pero poco a poco parece que nos vamos haciendo con ello. Y el domingo 14 están acabadas. Milagro. No hay otra palabra ya que el 15 empiezan a llegar los peregrinos... Llegada que me perdí por que estaba en el pueblo, tres días en familia que han sido mis vacaciones este año... Y llegar el 15 por la noche y decidir callarte para poder un día como una persona normal. Pero levantarte a las 7 por que a las ocho tienes que estar en la otra punta del pueblo repartiendo desayunos a los peregrinos. 800 personas. Aproximadamente en mi alojamiento nos hacíamos cargo de 600... Italianos, Estadounidenses, Inglesas, Venezolanos, Hondureños y un batallón Suizo. Y cuando digo un batallón me refiero a que eran 385 a desayunar todas las mañanas. Increíble. Además era raro. Bueno, fue raro el primer día, el último ya era lo más normal del mundo, claro. Llegar al pabellón. 8.10 am. Entrar y ver a un suizo desnudándose ahí en medio. Quedarse con cara de dibujo manga. Pasar a la sala de suministros a por las cosas del desayuno. Que esté enfrente de las duchas de los suizos. Que hayan decidido no cerrar la puerta. No poder sacar más aún los ojos de las órbitas. Pensar que todo ha sido una casualidad. Llegar esa noche y que los suizos te saluden y te pregunten qué tal el día recién salidos de la ducha solo con toalla alrededor de la cintura. Sí, ese era mi alojamiento. =) ¿Qué te parece?? A mi, que en cuanto se digne a contestarme, tengo un futuro marido en Suiza, hahahaha. A decir verdad eran bastante cerrados, en plan solo hablaban con su gente y tal, pero cuando ya se habían ido comprendí un montón de cosas, y es que llevan de peregrinaje juntos el mismo grupo desde el día 6 de agosto hasta el 23, creo que son una familia. hahahaha. Y nada. Por la mañana a las 6.30 -7.00 se levantaban sus "cuidadores" una monja y dos misioneros y nos despertaban a todos, TODOS, con musiquita... La primera vez quise matarlos... Ahora lo echo de menos. Así que dormíamos un asco, por que nos quedábamos con los italianos hasta eso de las 3.30 y a las 7.00 como muy tarde estábamos en pie con los suizos... Muy divertido! hahahaha Luego a las 11 o así los echábamos para Madrid y hasta las 22 no los volvíamos a abrir los pabellones. En ese tiempo nosotros limpiábamos y recogíamos los alojamientos, nos íbamos a duchar, a dormir diez minutos en una cama, a comer un poco y a Madrid y participar en los actos de la JMJ... He visto al Papa a cinco metros. Y no tiene precio. Ha sido una semana dura, cansada, horrible... Y sin embargo es la primera vez que tengo el corazón tan lleno de alegría. No sé si eres Católica, y puedo entender que estás en contra de todo lo que te estoy contando, pero para mi ha sido alucinante. Los discursos del Papa me han llegado al alma como si estuvieran escritos para mi... Algo que siempre había creído que solo era una estrategia de marketing... El viernes estuvimos en Cibeles y vimos los pasos de Semana Santa, y de hecho tengo que plantearme otro viaje, por que hubo uno que quiero ver en procesión, sí o sí... 
Y el sábado... que día más largo y espectacular. No sabía yo que podían suceder tantísimas cosas en 24h. Desde hacerse amiga de dos suizos hablando en inglés. Encontrar un futuro marido suizo que me ha dado hasta su número de teléfono! Un montón de fotos por medio. Bajar a casa, recoger, comer, ducharse, dormir diez minutos, preparar una mochila de acampada, salir corriendo, coger el bus, el tren y andar media hora bajo el sol justiciero de las cuatro de la tarde madrileño... Llegar al aeródromo de Cuatro Vientos, que te denieguen el acceso a tu zona, tener que buscarse la vida, un golpe de calor a una chiquilla de nuestro grupo. 
Encontrar medio hueco en el que empezar a acampar. La providencia que decide que el grupito de monjas de al lado se marche, un lugar decente donde cabemos todos. Esperar una, dos, cuatro horas al sol. Que llegue el Papa. Que empiece por fin la esperada Vigilia y ver como se oscurece el cielo y los relámpagos rompen el cielo a lo lejos.  Y el momento grande. Biblia al cielo. Va a empezarse a proclamar la Palabra y en ese momento empieza a diluviar sobre la parte delantera. Sacamos los paraguas de resguardarse del sol, que también sirven para la lluvia. Pero aguantamos, todos. Incluso ese señor de 81 años que está sentado en una especie de trono. Incluso cuando la ventolera lo azota y vemos que aspecto debe tener recién levantado. Y se nos encoge el corazón a los DOS MILLONES de personas que abarrotábamos Cuatro Vientos a la vez, en el momento en que el legado de Juan Pablo II, la Cruz de los Jóvenes, se tambalea... Salen corriendo los voluntarios a cazarla al vuelo. Está a salvo. Nos piden que aguantemos en Dios el chaparrón, y nosotros respondemos a coro: "Aunque llueve, aquí nadie se mueve"
 Parece que las suplicas y rezos de todos nosotros han tenido algún efecto y se abre un poco el cielo. Podemos seguir con nuestro gran momento. Se arrodilla Cuatro Vientos, el Señor está con nosotros. Quitan las partes de relleno y nos quedamos con lo importante. Todos le damos gracias por las jornadas en el silencio de nuestros corazones y le pedimos esa fuerza que empezamos a perder. Y Él está ahí. Y nos escucha, y nos bendice, y le veneramos. Y tras la bendición vuelve el diluvio. La gente empieza a plantearse el volverse a casa, pero ¿cómo volver a casa después de todo lo que ya hemos aguantado? Echamos mano de las nuevas tecnologías, internet dice que no lloverá más. Miramos al cielo y se nos llena de gozo el corazón: hay un gran claro que se acerca raudo. Decidimos quedarnos. Dormir al raso. Los peregrinos tienen fiesta montada por el resto de zonas, pero las C's son hábitat de voluntarios y llevamos una semana muertos así que casi todos dormimos. Queríamos haber ido a orar, pero las capillas han tenido que ser desmontadas, el fuerte viento ya ha desarmado una con siete heridos y no queremos ninguna catástrofe. Reconozco que puedo dormir casi en cualquier parte así que en seguida caí rendida. Me desperté a las cuatro de la mañana por un ruido de plásticos que mi subconsciente confundió con lluvia y casi muero preocupada por mi cámara... Pero no. Así que hasta que dieron el aviso de que se habían perdido 26 (VEINTISEIS!!) niños durante la noche, a eso de las siete de la mañana, planché la oreja suavemente. 
Empieza un nuevo día, y las nubes de anoche han sido derrotadas por nuestro empeño de ser firmes. 
Y vamos a unos baños asquerosisimos, y desayunamos y aparece Su Santidad a las 9 de la mañana. Y se nos pasa de golpe el cansancio, los dolores y las penurias acumuladas. Somos felices. Y celebramos misa. Gente de los cinco continentes con una creencia común. Una eucaristía más especial de lo que debería, ya que por respeto a Él no podremos comulgar todos en especie, no después de lo de la capilla de anoche. Así que comulgamos de espíritu, que nunca había creído que pudiera ser aun mejor que sentirlo... Increíble. Los voluntarios que van a ir a IFEMA al encuentro con el Papa empiezan a marcharse. Nosotros nos quedamos, no contamos con la logística suficiente para esa aventura y además no creo que pudiéramos ser más plenos. Recogemos, esperamos a que se haya desecho un poco el tumulto, vamos a por agua y a la tienda. De vuelta al tres con 30min andando. Un tren lanzadera hasta Atocha y la combinación hasta Sanfer, un autobús y a casa a ducharse y dormir media hora. De vuelta al pabellón y encontrar que el grueso Suizo ya se ha marchado, lo que los voy a echar de menos; Livio, mi futuro marido ya ha puesto rumbo a su país... Pero quedamos todos los voluntarios de mi pueblo y cenamos allí... Y se juntan un suizo tímido, y luego otro, un italiano, llegan los Estadounidenses... Gran cena. 
Hablar y hablar en inglés con un remero suizo que entiende castellano por que sabe hablar italiano... Muertos de sueño todos, pero queriendo aprovechar al última noche... Y a la mañana siguiente nuestro músicos particulares no han tocado diana, nos permiten dormir y nos dan las ocho y media en los sacos... Y los suizos que quedan empiezan a recoger y nosotros a limpiar. Pero el principito, el coordinador Suizo, me debe una foto así que tengo que convertirme en gacela y placarle justo antes de que se suba al autobús. 
Y mientras espero me graban para su video-diario y ahora estoy en un video en una página suiza... Surrealista. Y arrancan. Y se marchan. Y creo que un pedacito de mi corazón se ha ido a esas tierras de montañas... 
Y aunque quedan italianos, para mi ya se han ido los peregrinos, ya se ha acabado todo y hay que volver a la vida real. Y duele. Recoger mi habitación significa aceptar que se ha terminado y verla ahora tan vacía de chismes me pone muy triste... Aunque a la vez estoy tan sumamente feliz que no sé como no me he hecho pedazos de tal contradicción...
Y aquí estamos. Volviendo al mundo. Poquito a poco. Desempolvando los apuntes de inglés y francés que tenía, creía que olvidados, pero que simplemente tengo que darles un repaso...
 Y hasta aquí la crónica de unos días que han sido mucho más de lo que esperaba y mucho más que todo el resto de mi vida. 

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1 comentarios

  1. guau! seguro que fue una experiencia de las que no se olvidan nunca! y te agradezco tu comentario porque, aunque por una parte es cierto que estoy en contra porque pienso que el dinero que se ha empleado en las jornadas ha sido excesivo y creo que hay varias cosas de las que se podría prescindir, además creo que es cierto que las fuerzas policiales han dejado hacer lo que cada uno ha querido y me parece fatal por todos esos jóvenes que han ido y se han hinchado de beber y de fiesta! pero creo que es un movimiento precioso y que para las personas que creen en Dios debe ser una experiencia alucinante y me habría encantado poder compartirla, seguro que ha sido uno de esos momentos que no se olvidarán nunca, quizás si se hubiera organizado de otra manera diría que es perfecto, pero aún así debió ser increíble :)

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